Nos
aferramos tanto a la vida desde la concepción que aceptamos ser instruidos y
formados bajo el modelo y concepto de vida de quien nos educa sin
cuestionamientos, hasta que desarrollamos una personalidad que con o sin
rebeldía se asemeja al modelo del aprendizaje recibido por el entorno social en
el que crece. El deseo de explorar nuevas aventuras nos lleva a aceptar
situaciones que no merecemos vivir, pero que son parte de la experiencia humana
que nos forma.
Algunos
se cuestionan la vida, abrumados por la cantidad de secuencias que boicotearon
su deseo de vivir. Y lejos de demostrar su agotamiento siguen peleando. Otros
se van a medio camino por diversas causas. Otros permanecen. Pero ninguno está
preparado para dejar ir. Es tanto lo que nos aferramos a la idea física de
quienes nos acompañan que todas las pérdidas duelen. Y cuanto más brusca más se
la padece.
Nos
enseñan a temer a la muerte, a temer a la vida, a temer a un dios, a temer a
tantas cosas… que no nos damos cuenta que a lo único que debemos temer es a la
decisión de dejar de ser prioridad para vivir por los demás.
Permítete
sentir, disfrutar, vivir. Porque nadie tiene asegurado el mañana. Y lo único
que prevalecerá es lo que te permitiste disfrutar.
Es una
sola vida…
Paula
Ortalli



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