El 24
de marzo de 1976 quedó marcado a fuego en la historia argentina. Ese día, las
Fuerzas Armadas derrocaron al gobierno constitucional de Isabel Perón e
instauraron una dictadura cívico-militar que se extendió hasta 1983. Medio
siglo después, el recuerdo del Golpe de Estado en Argentina de 1976 no solo
convoca a la memoria colectiva, sino que también interpela a las nuevas
generaciones sobre los valores democráticos.
El
régimen, autodenominado “Proceso de Reorganización Nacional”, estuvo encabezado
inicialmente por el General Jorge Rafael Videla, junto a otros líderes
militares. Durante esos años, el país vivió una de las etapas más oscuras de su
historia: persecución política, censura, exilio y un esquema sistemático de
represión ilegal que dejó un saldo no solo de miles de desaparecidos, sino
también la cobarde expropiación, en lo que se estima, de más de 500 niños.
Centenares de ellos viven hoy sin conocer su IDENTIDAD.
En
este contexto, surgieron movimientos emblemáticos como las Madres de Plaza de
Mayo, que comenzaron a marchar en plena dictadura exigiendo la aparición con
vida de sus hijos. Hoy son ejemplo de lucha por derechos humanos en todo el
mundo. Paradojalmente, el único lugar donde encuentran algún foco de
resistencia es en su propia tierra, donde fue que la sangre se derramó.
Uno de
los aspectos más dolorosos de este período fue la implementación de centros
clandestinos de detención donde se practicaron torturas atroces y ejecuciones,
más de 800 distribuidos en todo el país, según datos de la subsecretaria de
derechos humanos de la nación(https://www.argentina.gob.ar/derechoshumanos/sitiosdememoria/centrosclandestinos
Organismos de derechos humanos estiman en
30.000 el número de personas desaparecidas, aunque la cifra continúa siendo un
ridículo motivo de debate.
En
2006, el periodista Hugo Alconada Mon, publicaba en el diario “La Nación” una
nota donde se mencionaba un documento diplomático desclasificado de Estados
Unidos que mencionaba unos 22.000 desaparecidos durante la dictadura https://www.lanacion.com.ar/politica/el-ejercito-admitio-22000-crimenes-nid791532
Ese documento era un cable de inteligencia de
1978, en el que un agente informaba -en base a datos recogidos por la propia
dictadura- que hasta ese momento se contabilizaban aproximadamente 22.000
personas “muertas o desaparecidas”. Teniendo en cuenta que ese número surge de
estimaciones del propio aparato represivo durante sus dos primeros años de
operación como brazo ejecutor y que aún restaban cinco años de dictadura,
resulta lógico inferir que la cantidad de crímenes fue considerablemente mayor.
Con el
retorno de la democracia en 1983, bajo la presidencia de Raúl Alfonsín, se inició
un proceso inédito en América Latina: el juzgamiento de las juntas militares
responsables del terrorismo de Estado. El Juicio a las Juntas sentó un
precedente internacional en materia de justicia y derechos humanos.
A lo
largo de estas cinco décadas, la sociedad argentina ha construido una política
sostenida de memoria, verdad y justicia. Sitios que funcionaron como centros
clandestinos han sido transformados en espacios de memoria, mientras que las
nuevas generaciones incorporan estos hechos en la educación y el debate
público.
El
aniversario número 50 no es solo una fecha conmemorativa: es también una
oportunidad para reflexionar sobre los riesgos del autoritarismo, la
importancia de las instituciones democráticas y el compromiso ciudadano. En un
mundo donde los discursos de odio y la desinformación resurgen, la experiencia
argentina se presenta como un recordatorio contundente de las consecuencias de
quebrar el orden constitucional.
A
medio siglo del golpe, Argentina reafirma un consenso básico: ¡¡¡NUNCA MÁS!!!
Autor:
IGNACIO NUÑEZ AVENDAÑO - Docente - Abogado especialista en derecho Laboral - Escribano.

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