José Lezcano, vecino de Puerto Reconquista y de la zona del camino al Correntoso, describió las dificultades que atraviesan las familias ribereñas por el avance del agua. Aunque los informes oficiales indican que el río está estacionado, los habitantes del sector aseguran que el nivel continúa subiendo.
En la zona de la costanera, las casillas donde funcionan habitualmente los puestos de venta de tortas y chipá están prácticamente rodeadas por el agua. La situación también afecta a distintos sectores del Arenal, donde cedió una defensa de contención y se trabaja para reponerla. Además, se utilizan bombas para drenar el agua acumulada.
Según relató Lezcano, algunos vecinos debieron autoevacuarse y abandonar sus viviendas. En las calles más afectadas, el agua supera la altura de las rodillas y, en determinados sectores, es necesario utilizar canoas para trasladarse.
La crecida también golpea la economía de la zona. Los pescadores artesanales tienen su actividad paralizada por la fuerza de la corriente y el arrastre de camalotes, raigones y embalsados, que provocan la pérdida o el desplazamiento de espineles y redes.
Ante esta situación, se proyecta trasladar preventivamente los puestos de venta hacia el sector del puerto deportivo, para que las trabajadoras puedan continuar con su actividad y sostener sus ingresos.
En cuanto a los accesos, el tránsito vehicular permanece interrumpido a la altura de la escuela. Por el momento, solo se permite el ingreso de residentes y la circulación peatonal.
A las complicaciones se suma la presencia de mosquitos, polvorines y jejenes, que aumentó en distintos sectores debido al agua acumulada y estancada.
El testimonio refleja cómo la crecida afecta no solo a las viviendas, sino también a la circulación, el trabajo y la vida cotidiana de las familias de Puerto Reconquista.

