La tasa de desempleo dejó de ser el mejor indicador para medir el estado de situación del mercado laboral argentino. Así lo advirtió un informe privado que destacó que las crisis ya no expulsan masivamente a las personas del trabajo, sino que las retienen pero en empleos cada vez más precarios, peor remunerados e inestables. De esa manera, el deterioro del mercado laboral queda parcialmente oculto detrás de una tasa de desocupación relativamente baja.
El diagnóstico fue tajante al analizar que "los movimientos al interior del mercado de trabajo principalmente reflejan estrategias de refugio frente a la insuficiencia de empleos formales". Lo anterior explicaría por qué se mantiene relativamente estable la tasa de desocupación en un escenario con más de 24.000 empresas cerradas y más de 200.000 empleos formales destruidos. El estudio al que accedió este medio sostuvo que, si bien durante los últimos años la economía siguió absorbiendo fuerza de trabajo, lo hizo mediante un proceso de "absorción laboral regresiva".
El problema no es únicamente cuántas personas tienen trabajo, sino qué clase de trabajo consiguen. Mientras el desempleo permanece relativamente contenido, crecen las ocupaciones precarias, los empleos sin protección, el cuentapropismo de subsistencia y las actividades de bajos ingresos. En otras palabras, el deterioro ya no ocurre fuera del mercado laboral, ocurre dentro del propio empleo.
El Gobierno de Javier Milei exhibe como “éxito” de su programa económico la relativa estabilidad en la tasa de desocupación. Sin embargo, el problema ya no es solamente cuántos trabajan, sino cómo trabaja esa población. Los datos evidencian que el mercado laboral dejó de expulsar personas y empezó a absorberlas en ocupaciones cada vez más precarias, una transformación que hace que el desempleo -por sí solo- no alcance para medir el actual deterioro social.
En la Argentina de los últimos años y con mayor intensidad desde la llegada de la administración libertaria, los cambios productivos y laborales modificaron la forma en que las crisis impactan sobre el mundo del trabajo. Sobre ello, no necesariamente expulsan trabajadores del mercado laboral sino que, cada vez más, los mantienen ocupados pero en peores condiciones, con menores ingresos, sin protección social o en actividades de baja productividad.
Dicho de otro modo, el deterioro dejó de expresarse principalmente en la falta de trabajo y empezó a esconderse dentro del propio empleo. Así lo analizó un informe reciente del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA (ODSA-UCA) que señaló que el mercado laboral argentino atravesó un proceso de "absorción laboral regresiva". Esto implica que lejos de una expansión del empleo registrado y de calidad, la incorporación de trabajadores se produjo crecientemente a través de ocupaciones informales, no registradas, con menos derechos y mayores niveles de inestabilidad.
En ese esquema, “los movimientos al interior del mercado de trabajo principalmente reflejan estrategias de refugio frente a la insuficiencia de empleos formales", alertaron y explicaron que el mercado laboral no llega a expulsar masivamente personas, pero tampoco logra integrarlas plenamente. Así las cosas, “se consolida una estructura laboral más fragmentada, donde buena parte del empleo se crea en condiciones más precarias y de menores ingresos”. Quienes pierden un empleo registrado no necesariamente pasan a engrosar las estadísticas del desempleo, sino que con frecuencia encuentran alguna alternativa para generar ingresos -como trabajos por cuenta propia, ocupaciones informales, changas o trabajo en plataformas digitales-, pero lo hacen en condiciones más precarias y con menores niveles de protección.
Para los investigadores, “el problema no es solamente el bajo crecimiento económico, sino la dificultad para transformar ese crecimiento en empleo productivo y protegido” y este fenómeno ayuda a explicar una de las principales paradojas del mercado de trabajo argentino: la economía logró sostener niveles reducidos de desempleo sin consolidar una expansión equivalente del empleo formal, productivo y protegido. La absorción de mano de obra se desplazó hacia sectores y modalidades de inserción de menor productividad y regulación, mientras persistieron las brechas de ingresos y calidad laboral.




