La navegación del patrullero oceánico británico HMS Medway por aguas bajo jurisdicción argentina sin comunicación previa a las autoridades nacionales volvió a poner bajo tensión un aspecto sensible de la relación bilateral con el Reino Unido: el cumplimiento de los mecanismos de confianza militar establecidos tras la posguerra de Malvinas y el creciente entramado logístico que sostiene la presencia militar británica en el Atlántico Sur.
Fuentes oficiales confirmaron que la Armada Argentina detectó entre el jueves y el viernes el desplazamiento del buque de guerra británico navegando en dirección al Estrecho de Magallanes luego de zarpar desde las Islas Malvinas. El patrullero ingresó en aguas de jurisdicción nacional a la altura de Santa Cruz y Tierra del Fuego sin que existiera comunicación alguna por parte de las autoridades militares británicas
El episodio llegó rápidamente a la Cancillería, donde se analizaba la posibilidad de presentar una protesta diplomática por canales reservados debido al incumplimiento de los procedimientos previstos en el denominado Acuerdo Madrid II, firmado en 1990 para evitar incidentes militar.
La situación ocurre mientras la administración de Javier Milei profundiza su alineamiento estratégico con Estados Unidos y procura consolidar una agenda de acercamiento con el Reino Unido, dejando en un segundo plano la confrontación diplomática que caracterizó etapas anteriores respecto de la cuestión Malvinas.
En ese contexto, el tránsito del HMS Medway sin previo aviso obliga a la Cancillería a administrar un delicado equilibrio. Una protesta diplomática demasiado enérgica tensionaría un vínculo político que el Gobierno busca preservar. El silencio, en cambio, podría interpretarse como una aceptación tácita del incumplimiento de compromisos bilaterales que durante más de tres décadas constituyeron uno de los pocos instrumentos de confianza mutua construidos entre Buenos Aires y Londres.
El denominado Sistema Transitorio de Información y Consulta Recíprocas (un anexo del Madrid II) fue diseñado después de la normalización de relaciones diplomáticas para garantizar que Londres y Buenos Aires notificaran previamente los movimientos de unidades militares en el Atlántico Sudoccidental.
El protocolo estableció comunicaciones permanentes entre las autoridades navales y aéreas de ambos países, pruebas periódicas de los sistemas de enlace y avisos anticipados cuando un medio militar operara en zonas sensibles. Nada de eso ocurrió durante el tránsito del HMS Medway.
Ni el comandante de las Fuerzas Británicas asentadas en Malvinas, brigadier Charlie Harmer ni la comandante del patrullero, la capitán de corbeta Lucía Ramsay, utilizaron los canales de comunicación previstos en el acuerdo para informar el desplazamiento del buque.
Los sensores electrónicos desplegados en el litoral austral detectaron la derrota del buque británico y activaron el seguimiento operativo. Una aeronave Beechcraft B-200M "Cormorán" del Comando de Aviación Naval registró el tránsito utilizando el sistema electroóptico WESCAM MX-10 incorporado mediante programas de cooperación bilateral con Estados Unidos. El monitoreo fue coordinado por el Área Naval Austral bajo la conducción del contraalmirante Guillermo Prada.
Paradójicamente, la capacidad tecnológica empleada para seguir al buque británico proviene de la cooperación militar con Washington, principal aliado estratégico de Londres en el Atlántico Norte y uno de los actores con mayor influencia sobre la arquitectura de seguridad del Atlántico Sur.

